Mantente hidratado. ¡Bebe agua!

Las altas temperaturas, las comidas fuera de casa y la baja ingesta de agua provocan deshidratación en el organismo. Esto conlleva a hinchazón en vientre, muñecas, tobillos, etc. Procura beber suficiente agua especialmente en lugares en los que la exposición al sol es mayor, como la playa o la piscina. Esto nos ayudará a sentirnos más ligeros y sobre todo bien hidratados.


Evita los excesos.

A veces salimos a comer fuera y abusamos de comidas que no consumimos habitualmente, pensando que ya que incumples ‘’la dieta’’ puedes hacerlo por todo lo alto. Ante estos casos lo mejor es comer conscientemente. No será la última vez que disfrutemos de una hamburguesa, de alimentos fritos o de una pizza, ¡volveremos a hacerlo pronto! ¿Por qué abusar entonces? Come hasta sentirte saciado, aunque eso implique dejar la mitad del plato. Además, nos sentiremos más ligeros y evitaremos molestias digestivas.


No renuncies a la vida social.

A veces, como consecuencia del “no quiero saltarme la dieta’’, caemos en el error de renunciar a salidas con la familia o amigos. Lejos de resultar útil en nuestro objetivo nutricional, puede repercutir de manera negativa y psicológica en uno mismo. Por ello es mejor no renunciar a ningún plan. ¿Qué hacer para no perder todo lo conseguido hasta ahora?

  • Elige verduras como primer plato. Una ensalada variada puede resultar saciante y refrescante.
  • De segundo puedes elegir pescado o carne a la brasa, asada o a la plancha. Evita las salsas (¡pídelas siempre aparte y raciónalas!). De guarnición, unas verduras o patatas asadas son buena opción.

Busca siempre las opciones más saludables.

Es verano y es fácil encontrarlas. ¿Qué tal unas sardinas asadas? Son muy ricas en Omega-3 y Calcio, además de resultar deliciosas a pie de playa. Los aliños como los de patata o tomate también resultan una opción refrescante y saludable.


¿Y qué llevo de comer a la playa?

Nada mejor que retomar los hábitos de antaño y con ello, la comida casera: tortilla de patatas, ensalada de pasta o de legumbres, aceitunas y altramuces para picar, fruta fresca… Evita las patatas fritas de bolsa y los dulces procesados, que lejos de satisfacer el hambre, nos abren el apetito mucho más.


Recuerda: las vacaciones son para disfrutarlas y no para cargarnos la conciencia con todo aquello que consideramos que hemos hecho mal. Modera las cantidades y la calidad de lo que comes, evita el sedentarismo ¡y a disfrutar!